Qué se puede esperar de la Cumbre del Clima que arranca en Katowice (Polonia)

 

La Conferencia de las Partes sobre el cambio climático (COP24) se inaugura con un nuevo record mundial de emisiones. 

Hace tan sólo 12 días, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) anunció un nuevo récord en los niveles de gases de efecto invernadero en la atmósfera. La concentración de dióxido de carbono (CO2) registrada en 2017 fue de 405,5 partes por millón. Nuestro planeta sólo ha estado expuesto a una cifra similar hace entre tres y cinco millones de años. El planeta se enfrenta al reto de que la humanidad reduzca los niveles de emisiones. 192 países han ratificado el llamado Protocolo de Kioto para conseguirlo. En Europa se reúnen hoy más de 3.000 personas de 197 Estados Miembros. Es la Conferencia de las Partes (COP24, por sus siglas en inglés y su número de edición), la también llamada Cumbre del Clima, que se celebra del 3 al 14 de diciembre de 2018 en Katowice (Polonia). Su misión, llegar a acuerdos, intercambiar ideas y poner en práctica las propuestas definitivas que disminuyan el calentamiento global.

Los antecedentes de la COP24 se remontan a la Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro (Brasil) en 1992 y el posterior Convenio Marco de la ONU que entró en vigor en 1994. Este fue el germen del Protocolo de Kioto establecido en 1997 para reducir las emisiones de los gases de efecto invernadero responsables del calentamiento global. El primer convenio vinculante para esta propuesta fue el Acuerdo de Paris firmado en 2015, que establece una serie de medidas a aplicar en 2020, cuando acabe la vigencia del Protocolo de Kioto. Cada año se celebra una conferencia de las partes (COP), que llega este lunes a su edición número 24 en Polonia, tras la anterior COP23 de 2017 que tuvo lugar en Bonn (Alemania).

La meta de estas alianzas es conseguir que el aumento de la temperatura global no supere más de 2 grados centígrados la temperatura que la Tierra tenía antes de la industrialización. Dadas las últimas investigaciones sobre el calentamiento global y sus consecuencias, existe además un objetivo más estricto que los expertos fijan en 1,5 grados centígrados. Cada país se ha comprometido a no superar unas cuotas de emisiones distintas y que dependen de su grado de desarrollo, aunque existen también acuerdos de normas conjuntas, como las que dicta la Comisión Europea.

Lo que se debate en la COP24

Todos los debates de esta nueva cumbre de Katowice parten ya de un informe de pruebas científicas elaborado por un gran grupo de expertos que han recopilado datos durante los últimos años sobre los niveles de gases de efecto invernadero, el estado de la capa de ozono y el aumento de la temperatura en 1,5º C.

Hay que recordar que en la Cumbre Climática de 2017 celebrada en Bonn (COP23) se estableció el denominado Diálogo de Talanoa, en el que los gobiernos y la sociedad civil (contando con empresas, instituciones académicas y organizaciones no gubernamentales) aportaron su visión para llegar a conclusiones conjuntas. En la COP24 2 se prevé la consolidación de Talanoa para la toma de decisiones políticas.

Una vez establecidos los compromisos, para ponerlos en práctica se ha creado un programa de trabajo conjunto y preciso en el que han colaborado todos los países. Este programa está ahora en la fase de elaboración de un libro de reglas para la puesta en funcionamiento del Acuerdo de París.

También se negocia la financiación de las medidas climáticas que se van a adoptar. En esta cumbre se están discutiendo las estrategias de descarbonización de la economía de cara al año 2050 y se están revisando las contribuciones climáticas de cada una de las partes. Estas son las claves de lo que se discute estos días en la COP24 y según lo que se pacte y trabaje dependerá el éxito de la cumbre y el futuro de nuestro planeta.

La postura de Europa y de España

Si el dato que se ha manejado formalmente para estimar el aumento de la temperatura del planeta desde la era preindustrial era de 0,8 – 0,9 ºC en 2013, a 2018 la cifra ya se sitúa en 1ºC, según ha informado Valvanera Ulargui, la directora general de la Oficina Española de Cambio Climático, en una reunión de prensa que tuvo lugar en el Ministerio de Transición Ecológica y a la que asistió este diario.

Este registro es a escala global y tiene variaciones según la región del globo terrestre. En España los datos apuntan incluso a un aumento de 1,5 grados centígrados y demuestran lo vulnerable que es nuestro país al cambio climático. «Al calentarnos más rápido nos tenemos que adaptar a los impactos del cambio climático de una forma mayor a lo que se tienen que adaptar otros países. Por eso tenemos un plan de adaptación desde 2006 y un plan de gestión de riesgos. Ya sabíamos que éramos más vulnerables a los impactos del cambio climático», ha explicado a ELMUNDO.es Valvanera Ulargui.

Por esta razón tanto Europa como España insisten en la necesidad de que los países desarrollados establezcan objetivos más ambiciosos a los acordados en París. De cara al año 2050, Europa y España apuestan por la descarbonización completa de la economía. «Hay una apuesta clara por un objetivo de 100% renovables en el año 2050 y para alcanzarlo tendremos un hito intermedio en el año 2030, que será el que se publique con el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima», ha afirmado Ulargui. En él hay una alta penetración de energías renovables, de ahorro y de eficiencia. «La descarbonización también pide una mayor electrificación de todas las demandas. Este es el primer paso para elaborar las políticas que son necesarias para la consecución de los objetivos», ha añadido.

Con estos objetivos se está perfilando en nuestro país la nueva Ley de Cambio Climático y Transición Energética, la legislación sobre energías renovables y autoconsumo, así como las últimas medidas en movilidad sostenible para las ciudades. La apuesta es por un modelo económico sostenible en el que se reduzcan las emisiones de carbono y sea posible el crecimiento.

Ausencias y discordancias

El pasado 30 de noviembre, desde el Ministerio de Exteriores de Polonia se confirmó que ni el presidente francés, Emmanuel Macron, ni la canciller alemana, Angela Merkel, acudirían a la Cumbre del Clima de 2018 (COP24). Esta ausencia ha sorprendido al propio viceministro de Exteriores polaco, Bartosz Cihocki, que contaba con los dos líderes europeos para la jornada inaugural de la conferencia, que arranca en Katowice (Polonia) este lunes 3 de diciembre.

Tanto Macron como Merkel son dos grandes impulsores de la lucha contra el calentamiento global. Emmanuel Macron, al frente de un país con fuertes huelgas por la subida de los carburantes, ha afirmado, no obstante, en una rueda de prensa celebrada en Argentina tras la cumbre del G-20, que «la línea roja» durante el encuentro del grupo de los 20 países industrializados y emergentes ha sido precisamente el Acuerdo de París, pero que «no ha habido retrocesos» a ese respecto. «Hemos tenido varios debates interesantes para preparar la COP24 de Polonia», ha reportado Efe. En lugar de Macron, la agenda prevé la intervención del primer ministro francés, Edouard Philippe, en la inauguración de la conferencia del clima, una participación que podría cancelarse también según se desarrollen los últimos acontecimientos en el país. Aunque existe el compromiso de Macron y de Merkel por los acuerdos alcanzados por el clima y el empuje de sus respectivos países para la reducción de emisiones es el más fuerte de Europa, la ausencia de ambos plantea serias dudas sobre el éxito de la conferencia que se celebra en Polonia.

A la COP24 tampoco está previsto que acuda el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ni el de Rusia, Vladímir Putin. Aunque Trump ya no piensa que el cambio climático es un «invento» de los chinos, pues en octubre de este año reconoció que no es «un engaño», él es el máximo responsable de la decisión de que Estados Unidos abandone el Acuerdo de Paris. La medida, anunciada por el propio Trump tan sólo 5 meses después de ser nombrado presidente de Estados Unidos, forma parte de un programa electoral que es antagónico al de su predecesor Barak Obama, quien se comprometió en 2015 (durante la COP21) a reducir las emisiones un 30 por ciento de cara al año 2025. El presidente Trump siempre se ha mostrado escéptico ante las evidencias científicas del calentamiento global y ha apoyado la inversión y la creación de empleo en dos sectores altamente contaminantes como son el acero y el carbón. «Pondremos a los trabajadores del acero y el carbón a trabajar de nuevo» fue uno de los eslóganes más populares del líder republicano.

Sin embargo, aunque el crecimiento económico y la competitividad por encima del medio ambiente y el planeta es una de las premisas de la administración Trump y, a pesar de que el país haya anunciado que abandonará el acuerdo de París, en Estados Unidos no deja de existir un cierto compromiso por la reducción de las emisiones de CO2 desde otras instancias, promovido por su férrea comunidad científica y grandes empresas que apuestan por fuentes de energía renovables. Las fuertes pérdidas económicas que ya se sienten debidas al cambio climático y a los desastres naturales que acarrea, no son obviadas en el país norteamericano.

Por su parte, Vladímir Putin está al frente de uno de los países que, junto a Japón y Canadá, aún no han firmado la llamada Enmienda de Doha, el punto que establece el segundo periodo de compromisos del Protocolo de Kyoto, de aplicación entre 2013 y 2020. Este es uno de los motivos de discrepancia de Rusia y estos dos países, que no quieren asumir la forma en que se limitan las emisiones en esta nueva fase de los acuerdos.

Brasil, Uruguay y Venezuela lo han firmado este año. En el caso de Brasil, último miembro en ratificarlo, las dudas sobre su postura se han avivado con la elección del nuevo presidente Jair Bolsonaro que, como Donald Trump, se ha manifestado por una eventual salida de Brasil del Acuerdo de París. Este país ha retirado su oferta para acoger la Cumbre del Clima de 2019 y el relevo lo han solicitado Costa Rica, de la mano de Carlos Alvarado, y Guatemala, apoyada por Honduras para albergar la COP25.

En cuanto a los países cuya economía está basada en los combustibles fósiles, como Arabia Saudí, Qatar, Kuwait, Omán y los Emiratos Árabes Unidos, aunque algunos (Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos) sí han ratificado la Enmienda de Doha, constituyen un duro bloque de oposición en las negociaciones de la cumbre. Los grandes productores mundiales de petróleo se resisten a perder el dominio de esta fuente de energía no renovable.

Por su parte China, una de las grandes potencias mundiales, ostenta el primer puesto como país emisor de CO2 del mundo, seguido de Estados Unidos. A caballo entre considerarse un país desarrollado y a la vez en vías de desarrollo con grandes extensiones rurales, es también uno de los grandes negociadores de la Conferencia del Clima. Sin embargo, su dependencia del carbón es muy fuerte y en la cumbre de Bonn de 2017 no se comprometió a prescindir de este recurso.

Por último Polonia, país anfitrión de la COP24, se opone a las normas de la Unión Europea sobre el clima y rechaza los topes de emisiones que debería aplicar, ya que su economía es también dependiente del carbón y el esfuerzo económico para sustituirlo supera al del resto de países europeos.

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