Italia y Francia ensayan un nuevo eje europeo

El presidente francés y el primer ministro italiano se despidieron con dos besos tras la rueda de prensa conjunta en el palacio Chigi

Si Francia es el país de l’amour, Italia tiene a Giacomo Casanova. Son ambas culturas proclives al cortejo. No resulta extraño, pues, que Emmanuel Macron, el gran seductor de la política internacional después de Barack Obama, desplegara ayer sus encantos y anunciara, junto a Paolo Gentiloni, un futuro tratado del Quirinal, una entente bilateral inspirada en el tratado firmado en el Elíseo por De Gaulle y Adenauer, en 1963, y que se convirtió en el motor de la construcción europea.

El presidente francés usó un tono de flirteo, en sus palabras y en su lenguaje corporal. Hay química con Gentiloni, quien, además, habla un francés muy fluido. Macron reconoció que la pareja francoalemana “es esencial” y que, sin ella, será vano acometer cualquier proyecto europeo de envergadura, si bien matizó que, para él, esa pareja “no es exclusiva” y por tanto puede complementarse perfectamente con una relación más fuerte y estructurada entre París y Roma basada en lazos culturales e históricos muy profundos.

Macron no escatimó expresiones de afecto hacia los anfitriones. Para él, Italia es un país “cher de coeur” (querido de corazón). Explicó que sigue a diario los medios de comunicación italianos y que le parecen a menudo “más sensibles hacia los problemas de Francia que los propios franceses”. De manera sutil, aunque bastante clara, Macron trató de echar un cable a Gentiloni ante las elecciones italianas del próximo 4 de marzo. El presidente mencionó la cita electoral, valoró la excelente sintonía con Gentiloni, su trabajo este año y la importancia de que los partidos europeístas obtengan un buen resultado..

El estadista francés hizo asimismo una alusión elogiosa a la gestión migratoria italiana. Calificó de “trabajo óptimo” la política de Roma en el 2017, año en el que descendieron con fuerza las llegadas por mar desde Libia. Para París es importante la reciente decisión italiana de enviar tropas a Níger, codo a codo con las francesas, para controlar las principales rutas de los traficantes de seres humanos en el corazón de África.

Gentiloni –cuyo apellido encaja a a la perfección con su estilo siempre cordial, casi aterciopelado– correspondió a las zalamerías del huésped y dijo que los dos países habían decidido, a partir de la cumbre de Lyon, en septiembre del año pasado, “dar un marco más estable y más ambicioso” a la relación bilateral. “Cooperamos desde siempre en un modo extraordinario pero estamos convencidos de que nuestras relaciones puede ser aún más fuertes y sistemáticas”, subrayó el premier italiano. Para no ser acusado de caer en la pura retórica, Gentiloni recordó que los intercambios entre los dos países alcanzan los 80.000 millones de euros al año y que ambos son, recíprocamente, el segundo socio comercial del otro.

Dos grupos de trabajo de alto nivel, compuestos por cuatro personas de cada país, deben poner a punto las bases del tratado del Quirinal, que debe firmarse antes de acabar este año. Estas células estarán dirigidas por el subsecretario para Asuntos Europeos, Sandro Gozi, por parte italiana, y su homóloga francesa, Nathalie Loiseau.

Tanto Macron como Gentiloni inscribieron la cooperación reforzada entre las dos naciones en el marco de un relanzamiento de la UE. No mencionaron el Brexit, aunque es evidente que la coyuntura exige una inyección de dinamismo, una aceleración. Macron está dispuesto a asumir el protagonismo, explotando el crédito de confianza que ostenta y el hecho de que la canciller Angela Merkel, tras las elecciones, ha perdido gas.

El líder italiano insistió en que hay que aprovechar la actual bonanza económica para dar pasos adelante. A su juicio, “hay una creciente demanda de Europa”, de lo que ella representa como modelo de civilización, de libertad, welfare state (protección social). Europa tiene una responsabilidad hacia sus ciudadanos y también hacia los que la observan en el norte de África, los Balcanes y Oriente Medio.

Macron, obviamente, coincidió en el análisis y habló del 2018 como “el año de la refundación de Europa”. El presidente francés, sobre la base del importante discurso europeísta del pasado septiembre en la universidad de La Sorbona, instó a trabajar con la perspectiva de diez años vista. Para él, la última fase de parálisis europea se debió, en gran parte, a “la falta de ambiciones y de perspectivas a largo plazo”. Su deseo es avanzar hacia una Europa “más soberana, más unida y más democrática”. Macron mencionó, entre otras iniciativas que impulsa, la de poder realizar consultas populares a nivel europeo sobre cuestiones relevantes para el continente y la presentación de listas electorales transnacionales.

La presencia de Macron en Roma incluyó un poco de turismo. Antes de los encuentros políticos, el presidente francés visitó la Domus Aurea, el imponente complejo que se hizo construir el emperador Nerón, cerca del Coliseo.

Lo curioso del futuro tratado del Quirinal es que la iniciativa se ayudó a concretar, casi por casualidad, gracias a la intervención de un veterano periodista italiano, Tullio Giannotti, de la agencia Ansa, durante la cumbre bilateral de Lyon, en septiembre pasado. Giannotti interpeló a Macron sobre si no sería bueno, además de revisar el tratado del Elíseo entre Francia y Alemania, sellar un pacto parecido con Italia. El presidente francés fue ágil en recoger el guante. “No tenemos entre nosotros un tratado del Elíseo, pero esto no impide imaginar un tratado del Quirinal o algo similar para tener una especie de cooperación reforzada”. La idea nació allí y ahora ya se está negociando, incluso con ese nombre.

Los periodistas no quisieron ayer arruinar la fiesta ni enfriar el flirteo francoitaliano. En la larga rueda de prensa –más de una hora– no hubo preguntas incómodas sobre problemas serios de tipo empresarial que ha habido recientemente entre los dos países en ámbitos como los astilleros o en el sector mediático (como la opa de Vivendi sobre Mediaset), amén de la agresiva compra por parte francesa de firmas de lujo italianas.

Gentiloni y Macron se despidieron, ante las cámaras, estrechando sus manos y con dos besos.

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