Breve historia de la Revolución Islámica de Irán (1979)

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La nación iraní da inicio a las ceremonias oficiales de la Década del Alba para conmemorar el 38 aniversario de la Revolución Islámica de Irán (1979).

El 11 de febrero de 1979, la Revolución Islámica de Irán, liderada por el Imam Jomeini, llegó a su punto culminante. En ese día, la lucha del Irán islámico dio su esperado fruto y la dinastía Pahlevi fue derrocada, poniendo fin a 2.500 años de monarquía con la creación de la República Islámica de Irán. El movimiento islámico comenzó en 1962 con la clara oposición del Imam Jomeini y el clero a la ley de los Congresos Federales y Municipales y la denominada revolución Blanca, impulsadas, ambas, por el Sha Mohammad Reza Pahlavi, en las que, por poner un ejemplo, se eliminaba al Islam de la lista de condiciones de participación en los comicios y se sustituyó el concepto de juramento al Corán por el juramento al libro celestial. Las proposiciones del Sha constaban de seis elementos clave y fueron ratificadas mediante un referendo simbólico. Como consecuencia de ello, el Noruz del año siguiente fue anunciado el luto oficial por el Imam.

El 22 de abril de 1963, las fuerzas del régimen atacaron una ceremonia de luto por el martirio el sexto imam de los chiíes, el Imam Yafar as-Sadiq, en la escuela clerical de Feyzieh, en la ciudad de Qom, asesinando a numerosos clérigos e hiriendo a muchos otros. Este incidente aumentó la ira y el odio del clérigo y de la gente contra el régimen, y dio pie al histórico discurso del Imam en el día de Ashura de ese mismo año, en el que atacó duramente a Estados Unidos y al régimen de Israel por sus injerencias en Irán. Poco después, en la noche del 5 de junio, el Imam fue arrestado y trasladado a Teherán.

Al día siguiente, millones de personas salieron a las calles de todo Irán. El régimen envió a sus secuaces para que les hicieran frente y miles de inocentes fueron asesinados. Los sucesos ocurridos ese día marcaron un antes y un después para la Revolución Islámica.

El 7 de abril del año siguiente, el Imam fue puesto en libertad, pero continuó luchando contra el régimen monárquico y opresor de los Pahlavi. Para el Imam, la única forma de corregir el rumbo del mundo era la Revolución Islámica. El 26 de octubre de 1964, el Imam se pronunció duramente contra la ley de capitulación emitida por el monarca a favor de Occidente, pues consideraba que dicha ley constituía una gran vergüenza para el régimen, además de amenazar la soberanía e independencia del país y suponer la esclavitud de los iraníes.

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El régimen vio entonces que la única forma de acallar la voz del Imam era el exilio. El 4 de noviembre, el ayatolá Jomeini, junto con su hijo Mustafá, se exilió en Turquía y de ahí, a la sagrada ciudad de Nayaf, en Irak.

En febrero de 1970, el Imam comenzó a impartir lecciones de jurisprudencia religiosa, la base teórica de la Revolución Islámica. El libro escrito por el Imam fue  publicado tanto en Irán como en otros países islámicos. Además, el Imam continuaba luchando activamente contra el régimen.

En la década de los 70, las ganancias del país por la venta del petróleo aumentaron notablemente, haciendo que el Sha, cegado por su orgullo, anunciara sus planes para revivir a la gran civilización de la antigua Persia. El 2 de marzo de 1975, el partido de la Resurrección, creado por el monarca, fue declarado único, con lo que el Sha volvió a demostrar su despotismo.

Pero con la muerte del hijo del Imam a manos de los agentes del régimen en Nayaf, la Revolución entró en una nueva fase.

El 7 de enero de 1978, una publicación local dio a conocer un artículo denominado “Irán y el colonialismo negro y rojo”, con el que el régimen pretendía deteriorar la imagen del Imam Jomeini. Dos días después, las protestas de la gente y el clero en Qom fueron oprimidas duramente por el Ejército del Sha. Luego le llegó el turno a Tabriz, en el noroeste del país. Y más tarde, a Yazd, en el sur. En pocos meses, miles de inocentes fueron acribillados por las fuerzas del régimen.

El 19 de agosto de 1978, un cine fue quemado en la ciudad sureña de Abadán por el servicio de Inteligencia del régimen, SAVAK, matando a decenas de inocentes. El nuevo primer ministro del país, Yamshid Amuzgar, dimitió de su cargo y fue sustituido por Yafar Sharif Emami, que asumió el poder bajo el lema de “reconciliación nacional”, intentando desviar la atención pública de los sucesos anteriores. Él anuló el calendario monárquico, cerró los casinos, anunció la libertad de prensa y disolvió al partido de la Resurrección, medidas que consideraba que aplacarían la ira de la población y satisfarían sus demandas islámicas. Pero las enseñanzas del Imam deshicieron el engaño.

El rezo colectivo del Eid-al-Fitr, la festividad del final del sagrado mes de Ramadán, acogió a un número sin precedentes de asistentes. Y las manifestaciones del 7 de septiembre hicieron que el régimen anunciara el toque de queda.

Al día siguiente, la gente salió a las calles ignorando el toque de queda. Las fuerzas del régimen abrieron fuego contra los manifestantes. Miles de personas fueron asesinadas en la plaza de Yaleh, actual plaza de los Mártires, de Teherán. De este modo, el 8 de septiembre de 1978 es conocido como el “viernes negro” en la historia de la Revolución Islámica.

Con el inicio del curso académico, los estudiantes tomaron un papel más activo. El 5 de octubre, el Imam se vio obligado a trasladarse a Francia, pero siguió guiando la Revolución desde allí. El pueblo de Neauphle-le-Château se convirtió en el foco de noticias del mundo. Miles de periodistas acudieron al lugar para entrevistarse con el Imam. Al mes siguiente, protestas de trabajadores de la empresa nacional de petroquímica, el Banco Nacional, las Telecomunicaciones, la radio, la televisión y otros sectores, fortalecieron aún más la corriente revolucionaria.

El 4 de noviembre, las protestas de miles de estudiantes se convirtieron en un baño de sangre. Al día siguiente, el general Qolam Reza Azhari recibió la orden de crear un nuevo gabinete. El régimen estaba exhalando sus últimos suspiros. Y la elección de Shapur Bajtiar, antiguo miembro del Frente Nacional, como primer ministro, fue la gota que colmó el vaso. En un intento de conservar el poder, el Sha creó el Consejo Real. Pero ya todo era inútil. El 16 de enero de 1979, Mohammad Reza Pahlavi se vio obligado a abandonar el país. El Imam declaró ilegítimo al Gobierno de Bajtiar y creó el Consejo Revolucionario. El paso siguiente era volver a la patria. Bajtiar cerró todos los aeropuertos y el regreso del Imam se vio postergado. Pero al fin, el 1 de febrero, el Imam Jomeini regresó a la patria tras 15 años de exilio. Millones de personas acudieron a Teherán para recibirlo. El primer paso del Imam en Irán fue visitar la tumba de los mártires de la Revolución. En su memorable discurso en el cementerio de Teherán, el Imam declaró ilegítimo al Gobierno de Bajtiar y aseguró que, con el apoyo de la población, designaría un nuevo Gobierno.

Días después, el Imam designó a Mahdi Bazargan como primer ministro provisional. El 8 de febrero, el personal de las Fuerzas Aéreas acudió al Imam para mostrar su compromiso con la Revolución. Dos días después, surgió un enfrentamiento armado entre los miembros de esta fuerza y la Guardia Real. Con la intervención de la gente, las puertas de los centros militares fueron abiertas y la gente se levantó en armas. Al día siguiente, la población conquistó el resto de los enclaves que aún permanecían en poder de los monárquicos y, de este modo, el 11 de febrero de 1979, la Revolución Islámica de Irán triunfó y se convirtió en una lección de sacrificio y amor para el mundo entero.

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