191 países se expresaron contra el embargo cubano y ni uno solo lo hizo en contra por primera vez en 25 años.

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    • También Israel, que siempre había votado en contra, se ha abstenido

    • El ministro cubano de Exteriores asegura que se trata de «un paso positivo»

    • Desde 1992, la ONU ha condenado cada año en una resolución el embargo

En un hecho sin precedentes, este miércoles Estados Unidos se abstuvo de votar a favor del embargo que impuso a Cuba ante la Asamblea General de Naciones Unidas.

Si bien la resolución contra el embargo es aprobada año tras año en la ONU, esta es la primera vez que pasa sin un solo voto en contra: fueron 191 a favor y dos abstenciones, las de EE.UU. e Israel.

Nunca en los 25 años que Cuba lleva a la ONU una resolución para exigir el fin del embargo, el mismo gobierno de Estados Unidos había evitado apoyar su propia ley.

Lo que deja sobre la mesa un escenario paradójico, Washington se alinea con Cuba y el resto del mundo contra sus propias políticas hacia la isla.

O más bien, el gobierno saliente (las elecciones son el 8 de noviembre) escenificó en la ONU su oposición a una política que, por ser una ley, sólo puede cambiar el Congreso, de mayoría republicana.

Estados Unidos se ha abstenido  por primera vez en la votación de la resolución de la Asamblea General de la ONU que cada año desde 1992 condena el embargo sobre Cuba y pide su fin, al igual que Israel, que siempre había votado en contra de la petición.

El cambio de postura de ambos países ha permitido que este año no haya ningún voto en contra y que se roce la unanimidad: 191 de los 193 países que componen la Asamblea General han apoyado la resolución para terminar con el bloqueo comercial sobre la isla.

«Hoy, Estados Unidos se va a abstener», ha adelantado la embajadora estadounidense ante Naciones Unidas, Samantha Power, minutos antes de la votación. El cambio de postura estadounidense responde, según Washington, al deseo del presidente, Barack Obama, de levantar el embargo, para lo que necesita el respaldo del Congreso del país, donde la mayoría republicana aboga por mantenerlo.

«La resolución que se vota hoy es un ejemplo perfecto de por qué la política estadounidense de aislar a Cuba no estaba funcionando», ha argumentado Samantha Power. «En lugar de aislar a Cuba […], nuestra política aislaba a EE.UU. Incluido justo aquí en las Naciones Unidas», ha añadido, en un discurso que fue recibido con fuertes aplausos del resto de delegaciones.

Cuba y EE.UU., medio siglo de embargo económico

Cuba asegura que es «un paso positivo»

La abstención, ha recalcado Power, «no significa que EE.UU. está de acuerdo con todas las políticas y prácticas del Gobierno cubano». En ese sentido, ha reiterado que Washington sigue estando preocupado por las «graves violaciones de los derechos humanos» que las autoridades cubanas cometen contra su propio pueblo, como son las detenciones arbitrarias de opositores.

El ministro cubano de Exteriores, Bruno Rodríguez, ha señalado tras conocer la decisión que se trata de «un paso positivo», aunque ha lamentado que «el bloqueo económico comercial y financiero persiste» y «provoca daños al pueblo cubano y obstaculiza el desarrollo económico del país».

«Es necesario, por tanto, juzgar por los hechos. Lo importante y concreto es el desmontaje del bloqueo, más que los discursos, las declaraciones de prensa o incluso el voto de una delegación en esta sala», ha comentado Rodríguez.

El texto aprobado por la Asamblea General de la ONU reconoce la «voluntad reiterada» por Obama de «trabajar en pro de la eliminación del bloqueo económico, comercial y financiero» y señala como «positivas» las medidas aprobadas para relajarlo. Sin embargo, defiende que esas acciones «siguen teniendo un alcance limitado» y llama a abolir por completo el embargo.

Más de medio siglo de embargo económico

El embargo de EE.UU. a Cuba, que prohíbe el comercio con la isla, se inició en 1960, un año después del triunfo de la Revolución, y se endureció progresivamente, convirtiéndose en política oficial en 1962. Hasta 2011, y según datos de la administración cubana, las pérdidas directas e indirectas acumuladas totabilizaban más de un billón de dólares (aproximadamente 800.000 millones de euros).

La decisión política está inscrita en la legislación estadounidense en varias leyes. Una de ellas, la Ley para la Democracia en Cuba, de 1992 (posterior por tanto a la caída del Muro de Berlín) establece que los EE.UU. deberán «mantener las sanciones contra el régimen de Castro en tanto continúe rechazando avanzar en la democratización y en un mayor respeto a los derechos humanos».

No obstante, a continuación también abre la puerta a «reducir las sanciones de manera cuidadosamente calibrada como respuesta a desarrollos positivos en Cuba». Esto es lo que hizo Obama en 2009 y 2011, cuando facilitó los viajes y los intercambios culturales.

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